He tenido la suerte de hacer largas caminatas por el desierto, he acampado y dormido a la“ belle etolie “ en innumerables ocasiones, también he recorrido centenares, miles de kilómetros en vehículos y camiones 4×4, en otras ocasiones he hecho largas y agotadoras travesías a lomos de camello pero en esta ocasión os hablare de una bellísima excursión en una pequeña avioneta que acabo de realizar sobrevolando el gigantesco y bellísimo desierto del Namib al suroeste de Namibia. Es un desierto inmenso, precioso, repleto de grandes dunas de color rojizo, algunas de más de trescientos metros de altura. Verlas desde el aire te da otra dimensión de esas inmensidades arenosas, la vista se pierde en el horizonte y cada formación es diferente.

Tras escuchar las instrucciones del joven piloto subí a la pequeña avioneta, fue un momento emocionante, disfrute mucho del vuelo y tan ensimismado estaba observando a izquierda y derecha y haciendo fotos que apenas me daba cuenta que algunas veces el viento nos agitaba. Dice el refrán: “que no hay mal que cien años dure “pero tampoco los momentos felices duran eternamente, así que tras sobrevolar el misterioso Bosque de hadas, esas curiosas formaciones circulares y cuyo origen nadie ha conseguido explicar, aterrizamos en la pista de un pequeño aeródromo.

Al día siguiente, recorrería el desierto en un potente vehículo 4×4 pero esa es otra historia.

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