San Juan

El pasado miércoles, 6 de enero, celebró su  cumpleaños mi amigo Juan, pensó que le dedicaría mi post ese día, no lo hice entonces, pero sí lo hago hoy y además hablaré de San Juan, la capital de Puerto Rico. No se podrá quejar.

Algunos al leer mi texto de hoy pensarán que no estoy bien de la cabeza, me da igual, no pienso cambiar de opinión y seguiré afirmando que me encanta pasear por los cementerios. No soy una persona de gustos macabros, ni tampoco participo en extraños rituales, no me agradan las películas de miedo y por lo tanto ¿por qué ese interés en visitar lugares, a priori tan poco apetecibles? Obviamente, no es algo obsesivo ni tampoco busco en cada lugar al que viajo el camposanto de turno, sólo me interesan  aquellos cuya arquitectura y bellas tumbas hacen de ellos un museo escultórico al aire libre, como el de la Habana o el de La Recoleta en Buenos Aires.

También por aquellos donde ilustres personajes están enterrados, como el Pere Lachaise de París o aquellos que se han convertido en ciudades dentro de la propia ciudad, como el de El Cairo; también el cementerio chino de Manila, la capital filipina,  donde los fines de semana  los familiares de los de allí enterrados organizan autenticas y pantagruélicas comidas, toda una fiesta.

A veces el propio emplazamiento del cementerio es ya lo suficientemente atractivo como para dar un paseo disfrutando del lugar, y este es el caso del cementerio de San Juan de Puerto Rico, que situado frente a las murallas del Fuerte de San Felipe del Morro, en el corazón del Viejo San Juan tiene unas maravillosas y privilegiadas vistas al mar. De hecho, se cuenta que se creó en tan fantástico emplazamiento y mirando al océano Atlántico para, de esta forma, simbolizar el viaje al más allá. Verdad o no, es una razón bastante poética.

El Castillo de San Felipe del Morro se comenzó a construir en el siglo XVI para defender la ciudad de los ataques que llegaban desde el mar. Las edificaciones originales se fueron ampliando con los años, hoy es un tremendo recinto y está considerado como el punto de mayor atracción turística del viejo San Juan.

Callejeando por las adoquinadas calles repletas de bellas y coloridas casas coloniales, algunas de ellas reconvertidas en pequeños y lujosos hoteles con encanto, se llega hasta este cementerio de estilo neoclásico donde están enterrados los más ilustres personajes de la sociedad puertorriqueña. No es muy grande pero sí lo suficiente como para poderse dar un agradable y tranquilo paseo disfrutando de las preciosas vistas del mar. La vista que ofrece el cementerio desde el exterior con sus numerosas tumbas y mausoleos de mármol blanco alineadas unas frente a otras destacando sobre el azul del océano, no son desde luego un lugar lúgubre.

No queriendo ser irreverente al afirmar que «el muerto al hoyo y el vivo al bollo» confieso que no viene nada mal refrescarse tras el paseo con uno de los sabrosos helados del cercano Ben and Jerry´s.

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