La verdadera ‘Ciudad del Amor’: Marrakech

La verdadera ‘Ciudad del Amor’: Marrakech
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Con San Valentín tan cerca, todos nos imaginamos dando un paseo por París, tomando una copa de vino a los pies de la Torre Eiffel o disfrutando de un paseo por la orilla del Sena con nuestra pareja; ¡incluso aunque no la tengamos! París se ha instalado en nuestro imaginario como la Ciudad del Amor, pero existen rincones llenos de romanticismo por todo el mundo. Si quieres conocer el verdadero destino amoroso en el que disfrutar con tu pareja de un entorno único, nosotros te lo descubrimos: Bienvenido a Marrakech y sus mil y una noches.

¿Por qué Marrakech?

Marruecos es el lugar ideal para conocer una nueva cultura sin sentirse demasiado lejos de casa y, más concretamente, en Marrakech encontramos miles de experiencias y sensaciones que nos apetecerá compartir. Es el destino perfecto para una escapada rápida y también para un viaje de más duración. Siempre habrá un lugar más o menos secreto que descubrir.

A la llegada a Marrakech parece que todo se envuelve de un aura misteriosa y romántica, sobre todo cuando ya ha caído el sol: el atardecer tiñe la ciudad de un precioso tono anaranjado, las estrellas se ven más de lo que se verían aquí, la luna acompaña a los paseos y las velas se encienden con el toque justo de luz. Detalles que consiguen que, además de romántica, Marrakech sea un destino de lo más sensual.

 

Planes que no pueden faltar en una escapada romántica

A veces, la primera opción es la más obvia y no por eso deja de ser increíble. Nosotros -y vosotros después de conocer Marrakech- no nos imaginamos ningún plan, y menos si buscamos opciones románticas, que no incluya una visita al Jardín Majorelle. Entraréis en un espacio colorido, lleno de contrastes y vegetación. Se trata de uno de los atractivos de Marrakech más visitados y no decepciona. Durante un tranquilo paseo entre cáctus y flores os empaparéis del encanto árabe y las maravillas de su arquitectura. Sin duda, la experiencia se vuelve todavía más encantadora si la visita se programa a primerísima hora, cuando los juegos de colores entre los tonos flúor de las paredes y la luz del sol le dan un toque de lo más auténtico. Como curiosidad, este lugar lo diseñó en los años 20 el artista del mismo nombre y lo restauraron, en la década de los 80, Yves Saint Laurent y Pierre Bergé.

El zoco, también conocido como “el gran bazar”, lo viviréis como un viaje en el tiempo que por nada del mundo os hubiera gustado obviar. Este tipo de mercados tan típicos de Marruecos son la mezcla perfecta entre el turismo y las raíces más profundas del país. Encontraréis de todo, desde ropa, hasta instrumentos musicales, pasando por especias o tés. Lo mejor es que intentéis orientaros y descubriréis un caos que os conquistará.

No es ninguna mentira eso de que por donde primero se nos conquista es por el estómago, tanto a hombres como a mujeres. Ahora que ya os tenéis en el bote el uno al otro, es el momento de dejar que Marrakech os enamore de verdad. Os será difícil elegir con qué plato típico empezar, porque, sin duda, Marruecos es una paraíso para el turismo gastronómico. Cous cous, pastela, batbut, cordero, pan de leña, pescado y marisco… todo acompañado de las especias más sabrosas y seguido de los mejores postres, como buñuelos o chebakia. Y para cerrar, uno de los símbolos de esta cultura y bebida favorita de los marroquíes: un té.

En medio del bullicio encantador que ya habréis descubierto que es Marrakech, se encuentra un remanso de paz conocido como El Jardín Secreto. El lugar perfecto para sentiros el uno con el otro. La sensación de paz inunda inmediatamente. Es el sitio perfecto para pasar una tarde entera de tranquilidad rodeados de rinconcitos rehabilitados con mucho gusto. Fuentes, flores, mariposas… Lo tiene todo para ser el escenario de vuestra cita más íntima en Marrakech. Además, no hace mucho que se ha reabierto al público, por lo que su fama no está tan extendida como la del Jardín Majorelle.

Y en lo que a experiencias relajadas y para cargar pilas se refiere, el podio se lo lleva dormir en un riad. El culminar perfecto a vuestra escapada de San Valentín; más aún si incluye hammam. Un riad es una casa sin ventanas al exterior, pero con una increíble vida interior. Crece en torno a un patio o jardín en el que desembocan todas las estancias del lugar. Encontraréis multitud de riads reconvertidos en hoteles, aunque están un poco camuflados dentro del laberinto de calles y callejuelas que forma Marrakech.

 

Si tenéis la suerte de conocer Marruecos durante varios días, los alrededores de Marrakech también conseguirán sorprenderos. Toubkal y el Atlas, la cordillera más alta del norte de África; la pequeña localidad de Imlil; el valle de Ourika y las siete cascadas de Setti Fatma o la preciosa Casablanca os esperan con todos sus increíbles paisajes.

 

Descubriréis en Marrakech un lugar al que siempre querréis volver a reavivar vuestro amor y sentiros como Shariyar y Sherezade en ‘Las Mil y Una Noches’.

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