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El pasado miércoles, 25 de mayo, tuve la oportunidad de hablar en el museo L´Iber de Valencia sobre la Ruta de la Seda. Este fascinante museo merece que algún día explique lo que allí se puede uno encontrar, pero eso vendrá más adelante.

 La Ruta de la Seda fue una importante vía de comunicación que tuvo multitud de ramales y que fue utilizada entre China y Occidente durante siglos. Desde hace muchos años tengo una especial curiosidad por esta legendaria ruta y le he dedicado varios viajes para ir desentrañado muchos de sus misterios.

Una de las máximas del budismo es la impermanencia,  vivimos en un  continuo cambio y nada ni nadie es capaz de sobrevivir eternamente, lo único que se mantiene de forma constante es el cambio y buena muestra de esta afirmación es que hoy la mayoría de los países que atraviesan los legendarios caminos de la Ruta de la Seda profesan el islam como religión, pero no siempre fue así. Durante siglos el budismo fue el credo mas practicado en estas regiones y al igual que las mercancías también esta doctrina viajo. Lo hizo desde India, lugar donde nació, hasta China por el este y hasta Persia, atravesando los oasis y desiertos del Asia Central por el oeste.

Aun hoy se pueden visitar antiguos enclaves budistas, como las cuevas de Mogao en Dunhuang o también las de Bezelik, lamentablemente otros como los gigantescos Budas de Bamiyan en Afganistán no es posible hacerlo ya que fueron destruidos por los talibanes ante el asombro del mundo. Lugares impresionantes que nacieron al abrigo de las caravanas que por allí circulaban y que a pesar del deterioro ocasionado por el paso de los siglos, y por las diversas invasiones y expolios que sufrieron, nos permiten adivinar lo que debieron ser estos enclaves en la antigüedad.

También podremos recrearnos siguiendo los pasos de antiguos monjes chinos que en su largo peregrinar abandonaban sus tierras para  emprender peligrosos viajes en busca de las sagradas escrituras o de las enseñanzas y aclaraciones que les podían dar los grandes maestros budistas que vivían  en India.

La Ruta de las Seda es como una margarita que hay que ir deshojando, sus múltiples pétalos son posibles viajes que hay que emprender, en mi caso el próximo será en septiembre-octubre por Tayikistán y norte de Afganistán, pero esa será otra historia

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