Cervino

Viaje por primera vez a Suiza en verano y visite entre otros lugares la zona de Zermatt  para poder observar su pico más emblemático. El legendario Cervino con sus 4.478 metros de altura fue escalado por primera vez por el gran alpinista inglés Edward Whymper el 14 de julio de 1.865. De aquel lejano viaje estival traje un anhelo, volver a la región pero la próxima vez sería en invierno, deseaba ver todas aquellas preciosas montañas y cumbres repletas de nieve.

Y parece que el momento llegó. En diciembre de 2011 volaba rumbo a Ginebra. Desde el mismo aeropuerto cogería un tren hasta Zermatt donde me esperaba un ambicioso plan de visitas. Pero ya se sabe: “El hombre propone y Dios dispone” y así fue, no pude escoger peor fecha para mi viaje. La primera gran tempestad de invierno, bautizada como Joachim, llegó al mismo tiempo que yo. No era una tormenta cualquiera, se preveían vientos terribles de más  de 110 km/h  y por tanto todos los trenes cremallera y teleféricos que ascendían desde Zermatt  hacia el Matterhorn, nombre alemán del Cervino, quedaron cancelados.
La visibilidad era nula, ni siquiera se intuía la pirámide perfecta que forma la montaña y cuya silueta es una de las más utilizadas en el mundo de la publicidad. El tiempo no mejoró y yo no podía retrasar mi regreso ya que tenía varios billetes de tren comprados para otros lugares de Suiza. Del desasosiego inicial, ante la impotencia de no poder hacer nada y ver que mi ansiado plan quedaría como asignatura pendiente decidí disfrutar de lo que tenía a mano. Zermatt estaba preciosa y sus calles con antiguas casas de piedra completamente nevadas. Entre otras actividades visité el interesante e ilustrativo Museo Matterhorn, también  el cementerio de los escaladores y Air Zermatt, la compañía aérea de rescates de montaña, de esta visita os hablaré mañana.  Por último, y para no llevarme un sabor amargo de la ciudad alpina, me inscribí en un curso-cata de bombones.

Ya se sabe que el chocolate suizo es de los mejores y sus firmas son conocidas por todo el mundo. Suchard, Nestle, Lindt son sus mejores embajadores. Las bombonerías son como joyerías, tiene un cuidado exquisito en la decoración y cada bombón es una muestra de artesanía creada con mucho amor y pasión. Aprendí a degustar y diferenciar los diversos tipos de chocolate, desde los bombones más tradicionales hasta las más modernas creaciones donde se mezclan sabores salados e incluso amargos con los dulces.  Ya tengo algo que añadir a mi próxima visita invernal a Suiza, seguro que me apunto a otro curso “bonbonero“.

Por cierto, la silueta del  famoso y triangular Toblerone, ese que venden en todos los aeropuertos del mundo,  está basado en la mítica cumbre del Matterhorn.

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