Xizhou

Xizhou
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La localidad de Xizhou en la provincia de Yunnan es pequeña en extensión pero guarda los suficientes atractivos para  que cualquier viajero que tenga paciencia y lleve los ojos bien abiertos pueda disfrutar.

Confieso que abandonar el hotel Linden, lugar donde dormimos y del que mañana os contare más cosas, nunca es fácil, pero ya se sabe que los viajes son una fuente inagotable de desapego.

Me encantan los mercados, me paso horas en ellos aunque no necesariamente vaya para comprar y el mercado diario de Xizhou no podía quedarse en el tintero. Me gusta curiosear, interactuar con los vendedores, probar de todo lo que me ofrecen, hacer fotos, descubrir “tesoros ocultos “en abigarrados puestos o en destartaladas estanterías, regatear etc, en fin dejar que el tiempo trascurra y por supuesto afinar los cinco sentidos para poder apreciar y disfrutar de esos lugares en su máximo esplendor.

Con los ojos bien abiertos observe los preciosos tocados de las mujeres bai, la etnia mayoritaria en esta región, el olfato me sirvió en esta ocasión, para apreciar los olores de alimentos desconocidos para mi, el gusto para probar la valorada pimienta de Sichuan, esa que por unos minutos adormece al lengua y los labios, el oído para escuchar atento lenguas y dialectos desconocidos y el tacto para acariciar algunas de las hojas impresas que compre con imágenes de espíritus protectores y que los bai ponen a la entrada de sus casas.

Antes de abandonar Xizhou visitamos el panteón donde se encontraba la imagen de Benzhu, el dios local adorado por los bai. Tuvimos que subir por una estrecha escalera de madera hasta encontrarnos frente al altar, allí una figura muy colorida nos observaba ante la atenta mirada de su anciana cuidadora.

Hice una pequeña ofrenda, quedaba mucho viaje por delante y siempre es bueno buscarse aliados para que le protejan a uno de cualquier inconveniente

 

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